Cómo se construye una vida temporal: seis semanas, un sistema y Playa del Carmen.


A diferencia de vivir en ciudad, cuando vives en playa -desde mi experiencia- una de las cosas más complicadas llega cuando te preguntan: De dónde eres? Porque en mi caso, generalmente esa pregunta suele desencadenar una serie de otras preguntas más que a veces toman mucho tiempo en responder porque si bien todo en mi es sencillo, también se podría decir que todo en mi es atípico.

Cuando le cuento a la gente que me vine durante seis semanas a Playa del Carmen, muchas veces la reacción es asumir que fue una decisión impulsiva, que vengo a construir mi vida de cero, a buscar trabajo, a deconstruirme… Como si un día hubiera despertado, hubiera visto una foto bonita del mar en Instagram y hubiera dicho: "ya estuvo, me voy" pero la realidad es completamente distinta.

Después de contestar esa primera pregunta con, soy Mexicana, generalmente llega el y de qué parte – y ahí sí me sale el orgullo potosino - después se viene y ¿vienes de vacaciones? Y ahí es donde la cosa se complica… porque no del todo. Técnicamente vengo a vivir aquí, no a vacacionar y creo que esa diferencia es importante.

Porque para mí viajar no es algo extraordinario, no es una crisis existencial, no es una búsqueda espiritual, no es un acto de valentía y tampoco una experiencia transformadora en el sentido en el que normalmente se usa esa frase en redes sociales, es simplemente una cosa que ya hacía y una forma en la que he decidido vivir mi vida. Hay personas que disfrutan permanecer muchos años en el mismo lugar, que construyen rutinas estables, que encuentran felicidad en la permanencia; y luego estamos personas como yo. A mí me gusta moverme, conocer lugares nuevos, entender cómo funcionan otras ciudades, observar cómo vive la gente en distintos lugares y, cada cierto tiempo, pasar temporadas fuera de casa. No porque esté escapando de algo. Simplemente porque me gusta.

Así que cuando llegó el momento de decidir qué iba a hacer con el presupuesto que ya tenía apartado para viajar, la pregunta nunca fue si me iba a ir. La pregunta era: ¿a dónde?

Originalmente estaba considerando otros destinos; entre ellos, Colombia. Sin embargo, durante varios meses había estado viendo publicaciones, noticias, videos y comentarios de personas de la Riviera Maya hablando sobre una temporada particularmente complicada. Negocios reportaban menos visitantes, prestadores de servicios hablaban de una disminución en el turismo y constantemente aparecía el mismo mensaje:

"Vengan."

No como campaña publicitaria más bien como una petición genuina y eso se quedó dando vueltas en mi cabeza.

Porque si de todas formas iba a invertir en un viaje, ¿por qué no hacerlo dentro de México? ¿Por qué no dejar ese dinero aquí? ¿Por qué no aprovechar para conocer una región que además nunca había visitado? Porque honestamente yo no conocía el Caribe mexicano y si ya tenía contemplado viajar y además existía la posibilidad de que ese gasto tuviera un impacto positivo —aunque fuera pequeño— en la economía local, entonces para mí la decisión empezó a tomar forma muy rápido ya que de cualquier manera, para mí tenía mucho más sentido dejarlo aquí que en otro país.

No voy a fingir que vine únicamente por altruismo porque tampoco sería cierto. También tenía curiosidad, quería conocer ese Caribe del que tanta gente habla, sentir la vibra del lugar, de la gente y poder crear mi experiencia y opinión sobre este lugar para así no depender de la de alguien más.

Y fue entonces cuando empecé a investigar.

Antes de comprar absolutamente nada comparé varias opciones, principalmente Cancún, Tulum y Playa del Carmen.

Mientras más investigaba, más me convencía Playa.

Cancún me parecía demasiado dividido. Por un lado la zona hotelera; por otro lado la ciudad.

Tulum me generaba una sensación parecida. Lugares hermosos, sí, pero también una dependencia enorme del transporte y una separación muy marcada entre los espacios turísticos y los espacios cotidianos.

Playa del Carmen, en cambio, me parecía más integrada, más caminable, más ciudad y eso era importante porque yo no iba de vacaciones tradicionales yo iba a vivir aquí temporalmente, a trabajar, a hacer súper, a lavar ropa, a tener una rutina y por ello necesitaba una ciudad funcional, no únicamente una playa bonita, por eso y muchas cosas más -espero lo hayas leído con el tono de la connotación navideña- poco a poco Playa del Carmen se fue convirtiendo en la opción más lógica.

Y aquí hay algo que creo que vale la pena aclarar porque es, en realidad, el corazón de todo este experimento y era entender qué pasa cuando intentas construir una vida temporal en un lugar nuevo.

No unas vacaciones, no una escapada, no un viaje donde todo gira alrededor de los atractivos turísticos. Quería saber cómo sería despertarme un martes cualquiera, trabajar, hacer el súper, salir a caminar, regresar a casa y repetir la rutina al día siguiente porque una cosa es conocer un lugar y otra muy distinta es habitarlo aunque sea por unas semanas.

Pero bueno, pasemos a otra parte, tomar la decisión fue relativamente rápido y sencillo... lo que vino después – la planeación – no, porque una vez decidido el destino empezó la parte que realmente consume mi energía mental: la logística.

Y aquí hay algo importante que entender sobre mí… odio la fricción. Odio tener pendientes innecesarios ocupando espacio en mi cabeza, si algo puede resolverse hoy para no tener que pensar en ello dentro de tres semanas, prefiero resolverlo hoy, Si puedo pagarlo antes, lo pago antes, reservarlo antes, lo reservo antes, investigarlo antes, lo investigo antes. No porque sea inflexible, de hecho me considero una persona bastante adaptable y es precisamente por eso que me gusta quitarme de encima todo lo que sí puedo controlar; así tengo más espacio mental para lidiar con lo que no puedo controlar y así comencé con lo más preocupante para mí… el vuelo

Para opciones de vuelo utilicé Skyscanner. Siempre empiezo ahí, no necesariamente para comprar, sino para comparar y normalmente prefiero Aeroméxico. Y honestamente si hubiera existido un vuelo directo entre San Luis Potosí y Cancún con Aeroméxico probablemente lo habría comprado y así me hubiera ahorrado este paso todo completo – aquí aplican las sabias palabras que dice mi madre "El universo no cumple antojos ni endereza jorobados"- pero no existía.

La alternativa implicaba escalas, tiempos muertos enormes y muchas más horas de traslado así que terminé comprando un vuelo directo con Volaris y honestamente fue una experiencia bastante buena. No es Aeroméxico - Eso no va a cambiar - pero estuvo bien, fue buen costo beneficio y el precio me pareció justo y proporcional comparado con los servicios que prestan además de que una vez que sabes de antemano que la comodidad total ya no es opción lo importante se convierte en llegar de la forma más eficiente posible.

Después vino la siguiente decisión. No quería llegar y buscar alojamiento sobre la marcha pero tampoco quería comprometerme desde San Luis Potosí con una renta de seis semanas completas sin haber visto nada. Así que apliqué un modelo híbrido reservando dos semanas, llegar, conocer la ciudad y durante esas dos semanas encontrar el lugar donde viviría el resto del tiempo.

La primera etapa comenzó en Airbnb, aunque realmente nunca pensé utilizar Airbnb como plataforma final pero sí fue mi herramienta de prospección original.

Buscaba zonas, fotografías, distribuciones, referencias y después intentaba encontrar esos mismos lugares en Booking - sí, soy Team Booking… muy Team Booking y no, no está patrocinado… Ojalá. - Pero personalmente me resulta mucho más cómodo porque lo uso constantemente, tengo descuentos por uso frecuente y todo el tema de comprobantes, pagos y seguimiento me parece mucho más sencillo.

Así que mi proceso consistía en identificar propiedades interesantes en Airbnb y luego buscarlas en Booking y fue ahí donde empecé a notar cosas curiosas porque descubrí diferencias importantes entre precios, condiciones y cargos adicionales y también descubrí algo que personalmente no me encanta: la costumbre de anunciar una cantidad y después agregar una cantidad considerable de cargos extra. No digo que todo el mundo lo haga pero sí encontré suficientes casos para que me generara ruido y si algo me genera ruido durante la fase de investigación normalmente lo descarto no porque necesariamente sea malo simplemente porque me agrega fricción y ya dijimos que odio la fricción.

Después venía mi parte favorita: las reseñas negativas. Yo no empiezo leyendo las buenas empiezo con las peores, quiero saber qué salió mal, cuándo salió mal, si sigue pasando, si el propietario respondió, si la queja fue razonable o absurda y después vienen las fotografías…. pero tampoco las veo normal, les hago zoom, muchísimo zoom. Si aparece un baño zoom a las llaves, una cocina zoom a la estufa, una habitación zoom a los techos, esquinas, acabados y cualquier cosa que me permita inferir cómo está realmente el lugar… A veces una fotografía dice mucho más de lo que parece y después de todo ello finalmente encontré el lugar que usaría como base inicial Tohoku Lofts ubicado en la colonia Gonzalo Guerrero.

Había una razón muy específica por la que terminó ganándole a muchas otras opciones, Internet Starlink ya que debido a mi estilo de vida tener una excelentemente buena conexión a internet es canasta básica – más por mi trabajo que por otra cosa – y eso automáticamente lo puso por encima de una enorme cantidad de competidores.

Ahí me quedé las primeras dos semanas y honestamente fue mejor de lo que esperaba, no porque fuera perfecto porque no lo era… Era pequeño, con privacidad limitada, iluminación natural que dependía prácticamente de sacrificar cualquier tipo de privacidad y eso para una estancia larga definitivamente no era sostenible pero tenía algo que compensaba muchísimas cosas… La ubicación.

Y fue ahí donde descubrí algo que terminó siendo mucho más importante de lo que esperaba, una buena ubicación puede cambiar por completo la forma en la que experimentas una ciudad aunque sea por una temporada, poder caminar a la playa, a la Quinta Avenida, la lavandería, supermercado, cafés, restaurantes prácticamente a cualquier cosa que necesitara.

Durante esas dos semanas hice mi vida completa caminando y eso cambió por completo mi percepción de Playa del Carmen porque de pronto dejó de sentirse como un destino turístico y empezó a sentirse como una ciudad donde era posible vivir y también fue ahí donde entendí algo que después influiría muchísimo en la búsqueda de mi segundo alojamiento… Yo no estaba buscando únicamente un departamento, estaba buscando un estilo de vida.

Mientras exploraba la ciudad también estaba buscando dónde quedarme el resto del tiempo y aquí comenzó una investigación completamente distinta, Facebook, Marketplace, Grupos de rentas – decenas y decenas de grupos- Y fue ahí donde descubrí algo curioso, Existe un vacío enorme para quienes queremos quedarnos entre tres semanas y seis semanas sin necesariamente querer la permanencia porque es demasiado tiempo para vacaciones y muy poco tiempo para una renta tradicional… Es una especie de limbo y muchas veces el mercado todavía no sabe muy bien qué hacer contigo, así que hice lo que normalmente hago cuando algo tiene demasiadas variables… construí un sistema, por supuesto que construí un sistema.

Tenía una hoja donde registraba fecha y hora de la cita, nombre del contacto, teléfono, perfil de Facebook, grupo donde había encontrado el anuncio, tipo de propiedad, zona, qué incluía, amenidades y observaciones y cada vez que visitaba un lugar iba llenando mi checklist… Antes de llegar a las visitas, sin embargo, existía otro filtro, la seguridad y la metodología utilizada fue extremadamente poco sofisticada… buscar en TikTok: "Colonias más feas de Playa del Carmen." Así, literal después contrasteé esa información con grupos locales, mapas, redes sociales y publicaciones recientes. No es un método que haría sentir particularmente orgulloso a mi profesor de metodología de la investigación en mis días de preparatoria, ni a mi ex profesor de estadística de la universidad- pero sí es un método práctico y me permitió descartar varias zonas desde el principio.

Durante todo este proceso había una idea que seguía guiando muchas de mis decisiones quería que la mayor cantidad posible de esta inversión se quedara localmente, no porque Booking o Airbnb sean malos o porque crea que las cadenas comerciales no generan empleo si no que decidí que la parte de la inversión que le tocaba a las cadenas comerciales no iba a ser en la rama de donde me voy a quedar, sino en otras cosas porque, si tenía la oportunidad de rentarle directamente a una persona local, prefería hacerlo, si además era una mujer, mejor y si además era alguien de Playa del Carmen, todavía mejor… Era mi wishlist no las reglas del juego pero era lo que estaba buscando y terminé encontrando algo bastante cercano a eso lo cual me dejó bastante tranquila porque sentía que - por lo menos desde mi lado- estaba siendo congruente con la razón por la que había decidido venir.

Después de aproximadamente dos semanas de scouting terminé mudándome a otra zona, un poco más privada y residencial y el cambio fue enorme pero espérame, no porque un lugar fuera bueno y el otro malo, simplemente porque estaban diseñados para cosas distintas.

El lugar donde vivo ahora resolvió muchos de los problemas que tenía el estudio donde me estaba quedando, más espacio, más privacidad, más comodidad, mejores condiciones para trabajar y una rutina mucho más estable; sobre el papel era una mejor opción en prácticamente todos los sentidos y sin embargo también me enseñó algo que no esperaba… Que un lugar puede ser excelente y aun así no estar alineado con la vida que quieres vivir. Este lugar está diseñado para otro ritmo, para familias, para residentes permanentes, para personas que tienen necesidad de manejar, para quienes normalmente salen con un destino específico y luego regresan a casa.

Y yo… no soy ninguna de esas cosas. Yo camino mucho, exploro mucho, me gusta descubrir lugares, me gusta perderme un poco, me gusta salir sin saber exactamente dónde voy a terminar y cuando vienes de pasar dos semanas en una zona donde todo está a distancia caminable, esa diferencia se siente inmediatamente. Muchísimo.

Sin embargo eso no significa que el lugar donde estoy ahora sea malo, de hecho todo lo contrario, este lugar me ha ofrecido cosas que en el otro jamás hubiera podido experimentar como poder integrar a mi rutina clases de tenis, estar súper cerca de la fauna silvestre y conocerla, tener una verdadera sensación de seguridad, como antes ya que el lugar es extremadamente seguro y súper extenso, con miles de opciones para entretenerte y no tener que salir de ahí y además de eso me ayudó a entender algo que no había considerado antes, el lugar donde vives temporalmente también moldea gran parte de tu experiencia cotidiana y por ende la primera impresión de un lugar. No porque te cambie como persona, sino porque facilita ciertas versiones de ti y dificulta otras y eso fue una de las lecciones más interesantes de todo este proceso…. Hasta ahora, porque sabes que es lo más curioso es que este experimento todavía no termina aun sigo construyendo mi experiencia, conociendo lugares, haciendo rutinas, conociendo a la gente y evaluando si mi estilo de vida se puede adaptar a Playa del Carmen porque aún no lo sé pero incluso antes de llegar al final hay algo que tengo completamente claro La parte más interesante de esta experiencia nunca fue Playa del Carmen, fue el proceso, la investigación, la logística, las decisiones, los errores, los aciertos, los sistemas, las hipótesis que funcionaron y las que no ya que al final yo no estoy buscando el mejor departamento, ni la mejor colonia, ni siquiera la mejor ciudad, estoy intentando construir un sistema que me permita replicar una estancia temporal – sin importar el lugar donde se aplique- que realmente funcione para la forma en la que me gusta vivir.

Y esa respuesta terminó siendo muchísimo más compleja, muchísimo más interesante y muchísimo menos obvia de lo que parecía el día que compré el boleto de avión y viendo todo esto en retrospectiva, creo que me di cuenta de algo más: Yo pensaba que estaba organizando un viaje, buscando un departamento, comparando colonias, evaluando rentas y resolviendo logística… pero no. Lo que realmente estaba haciendo era intentar responder una pregunta mucho más grande… ¿Cómo se construye una vida temporal?

Porque una cosa es irte de vacaciones una semana, otra muy distinta es mudarte para siempre y para esas dos cosas existen caminos bastante claros el problema aparece en medio… ¿Qué pasa cuando quieres quedarte el tiempo suficiente para desarrollar una rutina, pero no el suficiente para echar raíces? ¿Qué pasa cuando quieres habitar un lugar sin convertirlo en tu identidad? ¿Qué pasa cuando quieres conocer una ciudad desde adentro sin necesariamente quedarte a vivir ahí?

Yo creo que esa fue la verdadera hipótesis que vine a probar, no si Playa del Carmen era bonita, no si el mar era azul, no si la comida estaba rica – aunque he de admitir que no soy particularmente fan de la comida del mar -, yo quería saber si era posible construir una vida funcional en un lugar que no conocía. Una vida donde pudiera trabajar, descansar, hacer ejercicio, tener hobbies, conocer personas, hacer súper, lavar ropa, enfermarme si me enfermaba, aburrirme si me aburría y, en general, existir.

Porque cuando uno viaja normalmente ve la mejor versión de los lugares y yo quería ver la versión cotidiana, la de los martes, la de los pendientes, la de los días en los que no pasa absolutamente nada y creo que por eso terminé obsesionándome tanto con la logística porque nunca estuve buscando únicamente un departamento, estaba buscando un estilo de vida, nunca estuve buscando únicamente internet rápido, estaba buscando poder trabajar sin preocuparme, nunca estuve buscando una colonia bonita, estaba buscando una colonia compatible con la manera en la que me gusta moverme por el mundo.

Y eso terminó explicando muchas de las decisiones que tomé sin que yo misma me diera cuenta por ejemplo, cuando me quedé en Gonzalo Guerrero y descubrí que podía hacer prácticamente toda mi vida caminando, algo hizo clic inmediatamente no era el departamento, no era la decoración, no era el edificio…. Era la libertad!

La posibilidad de salir de casa sin planear demasiado, caminar a donde necesitara ir, descubrir cosas sobre la marcha y sentir que la ciudad formaba parte de mi día a día y cuando después me mudé a una zona mucho más privada, más cómoda, más espaciosa y más segura, descubrí algo igual de interesante: Que un lugar puede ser objetivamente mejor en muchas cosas y aun así generar más fricción para tu estilo de vida, no porque el lugar esté mal simplemente porque fue diseñado para otro tipo de persona y eso para mí ha sido una de las lecciones más valiosas de toda esta experiencia porque durante años escuché a la gente hablar sobre ciudades, colonias o países como si existieran lugares universalmente buenos o universalmente malos y ahora creo que la pregunta correcta es otra… ¿Buenos para quién? ¿Buenos para qué estilo de vida? ¿Buenos en qué momento de tu vida? Porque la respuesta cambia muchísimo dependiendo de quién la esté respondiendo y creo que esa misma reflexión aplica para algo más que descubrí durante estas semanas… Las personas.

Porque si hay algo que me sorprendió de todo este proceso es que los mayores desafíos rara vez tuvieron que ver con los edificios, las plataformas, las aplicaciones o incluso la ciudad muchas veces tuvieron que ver con las personas. Con expectativas poco realistas, con rentas infladas, con personas que parecían seguir viviendo en una realidad económica que actualmente a nivel global ya no existe, con otras que fueron increíblemente generosas, con personas increíblemente interesantes, con algunas que intentaron ayudarme sin conocerme, con otras que me cuidaron sin tener que hacerlo y con ello me ayudaron a reducir mi tan odiada fricción - la verdad ha sido un honor conocerles - y con otras que... parecían convencidas de que cualquier persona que llega de fuera es una oportunidad para aprovecharse pero supongo que eso también forma parte de vivir temporalmente en un lugar.

Porque cuando dejas de ser turista empiezas a ver dinámicas que normalmente permanecen ocultas empiezas a ver las tensiones, las contradicciones, las cosas que funcionan y las cosas que no. Y aunque definitivamente tengo historias para escribir varios artículos más sobre todo eso, creo que por ahora la conclusión más honesta es esta: No vine a Playa del Carmen buscando una nueva vida, vine intentando entender cómo construir vidas temporales. Y, al menos hasta ahora, creo que el experimento ha sido un éxito. No porque haya encontrado respuestas definitivas sino porque ahora tengo mejores preguntas… Preguntas sobre ciudades, sobre movilidad, sobre comunidad, sobre pertenencia, sobre qué cosas necesito realmente para sentirme en casa y cuáles creía necesitar simplemente por costumbre… El experimento todavía no termina pues mientras escribo esto sigo aquí y aún me falta decidir si voy a extender mi estancia, si voy a moverme a otro lugar o si voy a regresar a San Luis Potosí, todavía me faltan lugares por conocer, errores por cometer y algunas hipótesis por probar pero si algo tengo claro después de estas semanas es que la parte más interesante nunca fue el destino… Fue aprender que construir una vida temporal también es una habilidad y que, como cualquier otra habilidad, mejora cada vez que la practicas.

Y antes de terminar creo que vale la pena hablar de algo que sabemos está en boca de todos, el sargazo… Me resulta curioso que muchas personas me pregunten si me decepcionó encontrar playas con sargazo y la respuesta es NO, porque la verdad es que nunca vine persiguiendo una postal perfecta aunque claro que me hubiera encantado ver el Caribe en su mejor momento pero yo ya sabía lo que estaba pasando antes de llegar, sabía que era una temporada complicada y precisamente por eso vine, no a pesar de ello sino también por ello porque detrás de cada playa cerrada, de cada foto menos bonita y de cada turista que decide no venir, hay personas cuya vida cotidiana depende de que alguien sí venga. Y aunque sería arrogante pensar que una sola persona puede cambiar algo, también creo que las economías locales se sostienen precisamente así: una decisión a la vez.

Y… Si quieres saber más sobre el viaje de esta potosina en tierras caribeñas como qué lugares he descubierto, cosas lindas y horrores que he pasado y pasaré dentro de mi tiempo en PDC sígueme en IG – AQUÍ - pues publico reseñas de lugares a los que he ido y ahí también estará el storytime sobre mi experiencia en Playa del Carmen y además de que es el notificador oficial de los nuevos blogposts, ahí te espero.

Comentarios

Entradas populares